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Vitra.

Collage'

Orgatec-Review by Stylepark

Da igual si pensamos en oficinas abiertas, cultura laboral o espíritu de trabajo; da igual si pensamos en estructuras modulares, universales o individuales, en el ámbito del trabajo y de los sistemas de oficina necesarios para él no hay ninguna revolución a la vista en estos momentos. No cabe duda de que la oficina sigue evolucionando en busca de una mayor comunicación y alejándose de las rutinas del trabajo. Y así, si el cliente es lo suficientemente osado, puede renovarse con brío mediante distintos programas.

Ya hemos hablado sobre la silla “Chassis”, creada por Stefan Diez para Wilkhahn basándose en una técnica de la industria automovilística. Bene sigue desarrollando su sello, Knoll hace la oficina acogedora o convierte la vivienda en un vestíbulo, Sedus tapiza la cajonera con ruedas con tela de flores para crear un ambiente más distendido, y numerosos fabricantes presentan incontables sillas y mesas difíciles de diferenciar entre sí por su patrón futurista, ergonómico y postmoderno. Más sorprendentes son los fabricantes que combinan la idea y el diseño para crear una cultura de oficina sin afirmar en seguida haber descubierto la piedra filosofal.

Desde hace tiempo, Vitra intenta aunar comunicación y concentración, vinculación e intimidad en una misma propuesta y para ello ha ideado la fórmula Net’n’Nest. Fue impresionante ver con qué naturalidad y soltura extiende Vitra el principio del collage, con toda su humanidad relajada, al ámbito de las oficinas abiertas (lea la conversación con Hanns-Peter Cohn, director ejecutivo de Vitra) al mismo tiempo que ofrece nuevos programas y soluciones específicos para la oficina. En esencia, se trata de aumentar la flexibilidad de los muebles a fin de ampliar las posibilidades comunicativas. Algo que suena más complicado de lo que es en realidad.

Porque tanto en el sistema de mesas para trabajar sentado y de pie de Ronan y Erwan Bouroullec (bautizado con el sugerente nombre Playns) como en la mesa ArchiMeda de Alberto Meda para despachos de directivos, la organización puramente horizontal del trabajo se amplía de forma flexible al plano vertical. Uno puede permanecer sentado o de pie, estar solo o conversar, planificar, formular y bromear en grupo. Antonio Citterio se ahorra el botón de subida/bajada y aboga por que el jefe se quede sentado. En su puesto de trabajo para directivos ACE aúna elegancia, flexibilidad y materiales de alta calidad. La mesa, en particular, tiene un aspecto elegante sin correr el riesgo de llegar a parecer jactanciosa u ostentosa. Aquí al menos la oficina es tan abierta y simpática como nos gustaría que fuese el jefe. También es nuevo el diseño WorKit de Arik Levy, un sistema tan sencillo como logrado que se basa en un componente con forma de cubo.

Net por aquí, y nest por allí. Pero éste no sólo es el caso de Vitra, para quien Werner Aisslinger ha diseñado incluso un sillón-columpio de oficina. Por todas partes hay puestos de trabajo flexibles complementados con oasis de tranquilidad o intimidad, aunque no siempre tienen un diseño tan coherente como el de los diseñadores de Vitra. Tanto si se trata de la longitud como de la profundidad de la mesa conjunta, son los detalles y las proporciones armoniosas los que determinan si se logra un equilibrio adecuado entre comunicación y aislamiento en la oficina de espacios abiertos. Los muebles de aspecto elegante y refinado no son siempre productivos. Y la idea de nesting ya ha proliferado considerablemente, porque en lugar de dar una cabezadita reconfortante, ahora nos encaramamos a un asiento alto, entramos en una especie de cámara de aislamiento, o nos reclinamos en nuestra silla de oficina, con su respaldo alargado similar a una capucha protectora, sin movernos del puesto de trabajo. Por todas partes podemos ver cómo se experimenta con una monadología del hombre de oficina en permanente comunicación que lleva siempre a cuestas todo el mundo de los negocios.

En el caso de Herman Miller nos encontramos con un universo totalmente distinto. Su asiento más reciente se llama “Embody” y, a la vista de la llamativa flexibilidad de este artefacto, al que uno ya no se atreve a denominar “silla”, uno se pregunta por qué sigue habiendo productos funcionales creados más o menos sin diseño o que obligan al diseño a actuar cuan sirviente de la función. Lo que ha surgido a raíz de esta encarnación de asiento de oficina ultra flexible y ergonómico sólo se puede denominar “monstruo oficinesco americano”: su espina dorsal artificial de color marfil podría protagonizar cualquier película de David Cronenberg, y cabe la posibilidad de que la próxima generación de este engendro esté dotada de un “biopuerto” a través del que será posible introducir toda la información directamente al sistema nervioso. Sin lugar a dudas, “Embody” va en la dirección de XXL y recuerda por su anacronismo a las camionetas y los vehículos todoterreno americanos devoradores de gasolina. Un producto sólido, funcional, pero totalmente obsoleto.

Pero, este año, el “limón agrio” a la obra de ingeniería carente de diseño al 100% no ha ido a parar a un mueble. El primer premio ha sido para el brazo articulado. Los aspectos ergonómicos y de salud laboral son muy importantes, no cabe duda, pero ¿es realmente necesario abarrotar cada puesto de trabajo con montones de tentáculos tecnológicos de los que penden multitud de pantallas planas que dan la impresión de ser tan estables como un elefante colgando de un teleférico? ¿Y qué decir de los puestos para trabajar de pie equipados con PC, teclado y pantalla plana, que, en el mejor de los casos, parecen salidos de un quirófano? ¿O quizá preferiría una pequeña sala de fumadores con mesas altas para respirar aire fresco?

En suma, en estos momentos, los accesorios secundarios de la oficina empiezan a proliferar a un ritmo que asusta. En épocas anteriores era el diseño no intencionado de los empleados, hoy uno de cada dos programas incluye de oferta un florero y una pantalla de colores para que las pobres criaturas soltadas en libertad puedan defender su territorio al menos de forma simbólica. Una bandeja colgada de la pantalla por aquí, una cajonera tapizada con tela de flores por allá, algo que nos devuelve a la comunicación. Quizá una vez a la semana prefiramos quedarnos con un puesto de trabajo temporal sin todas las comodidades y, al día siguiente, volvamos a sentarnos fuera al sol. Allí sólo echaremos de menos una cosa: el canal de cables. Éste es incuestionablemente el componente más importante de la oficina actual; pero, cuidado, que el nombre no nos lleve a engaño. No hay que confundirlo con el canal de televisión por cable.

Orgatec-Page


Texto: Thomas Wagner, Stylepark

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