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Tres preguntas a...

David Chipperfield

El arquitecto Sir David Chipperfield reflexiona sobre la influencia de los cambios demográficos y los nuevos hábitos de compra en el comercio minorista y sobre el modo en que estos cambios se reflejarán en las ciudades.

Los minoristas están preocupados: el crecimiento de la compra online parece imparable. ¿Qué pueden hacer las tiendas físicas para sobrevivir y qué papel desempeñará en ello el entorno urbano?

Está claro que la tendencia hacia el comercio online ha contribuido a reducir las compras en los centros urbanos. En Inglaterra, la desaparición del comercio minorista del centro de las ciudades no solo es un problema para los comerciantes: también está provocando un deterioro físico de los espacios urbanos lo que, a su vez, ha hecho aumentar los problemas sociales y de comportamiento y ha puesto en marcha un proceso difícil de parar. De hecho, ya ha comenzado una especie de reacción en cadena. Las tiendas vacías producen cierta sensación de descuido. El cierre de los comercios genera una atmósfera de fracaso y abandono que, a su vez, aleja tanto a los comerciantes como a los compradores. El colapso puede ser muy rápido.

¿Cuáles son los principales problemas para conseguir que el negocio minorista se integre mejor en el desarrollo general de las ciudades?

La mayoría de estos problemas se relacionan, de una u otra forma, con la escala. Aunque los ejemplos que he puesto se refieren a una escala concreta, es decir, a todo el conjunto de tiendas, hay otra escala más difícil de tratar pero que es fundamental en la situación en la que nos encontramos.

Es la escala de la propia tienda. Las tiendas pequeñas o de tamaño medio son bastante fáciles de organizar en los espacios de la ciudad, espacios que están determinados por las actividades normales. Son espacios que nos resultan familiares y que conducen a una buena calidad de vida urbana. Esto parece ser un gran obstáculo para las estructuras más grandes.

Desde luego, las grandes estructuras que necesita, o al menos fomenta, el comercio minorista, tanto desde el punto de vista físico como comercial, están creando cada vez más una distancia artificial entre la actividad de comprar y las características normales y diversas que consideramos fundamentales para la vida urbana.

¿Qué factores son los responsables de este desarrollo?

No podemos limitarnos a responsabilizar a los minoristas. Aunque esta tendencia está claramente impulsada por las fuerzas de escala y eficiencia del mercado, también satisface nuestro propio deseo de ahorrar tiempo. Queremos hacer las cosas más deprisa, no tenemos tiempo para detenernos a conversar: solo quiero comprar el pan, no pasar el rato charlando con el panadero. A pesar de ello, seguimos sin poder desprendernos de la idea de la tienda como espacio social y herramienta práctica.

Admiramos los mercados locales cuando están en un lugar exótico, nos gusta su informalidad y su aparente sociabilidad, disfrutamos del ritual de comprar «lentamente» cuando estamos de vacaciones y nos lamentamos cuando cierra la tienda de la esquina o cuando un establecimiento cambia de propietario, porque tememos perder una parte de nuestro tejido social.


Fecha de edición: 26.2.2018
Autor: Boros por la publicación de Vitra «Stores and Stories» (Tiendas e historias)
Imágenes: David Chipperfield, © Boros